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CALENTAMIENTO GLOBAL:

PROBLEMA DE TODOS

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U-238: CONSECUENCIAS DE LA GUERRA NUCLEAR

(primera parte)


Municiones de uranio
Enfermedades no diagnosticadas y guerra radiológica
por Asaf Durakovic

 

La experimentación y la utilización de la bomba atómica, y luego de municiones y de blindajes de uranio empobrecido, contaminaron los lugares donde se realizaron los experimentos y los sitios donde se desarrollaron las operaciones bélicas. Nuevas enfermedades afectaron tanto a los soldados de la alianza atlántica como a sus enemigos, así como a la población civil. Mucho tiempo después del restablecimiento de la paz, las radiaciones siguen contaminando a todo el que ve expuesto a ellas. Aunque los gobiernos «occidentales» obstaculizado voluntariamente, y durante el mayor tiempo posible, toda investigación médica en ese campo, una abundante documentación ha ido acumulándose durante años. Hoy publicamos una amplia síntesis en la que Asaf Durakovic hace un balance de los conocimientos actuales sobre esta catástrofe humanitaria. En lo adelante, la forma en que los países de la OTAN hacen la guerra puede matar también a sus propios ciudadanos en tiempo de paz.

 

uranio
Niños víctimas de mutaciones causadas por el uso militar de uranio empobrecido por las tropas de la OTAN.

 

Una contaminación interna por isótopos de uranio empobrecido se ha visto comprobada entre los ex combatientes británicos, canadienses y estadounidenses de la guerra del Golfo nueve años después de haber estado estos expuestos al polvo radioactivo durante la primera guerra del Golfo. También se observaron isótopos de uranio empobrecido en muestras de autopsias de pulmones, hígado, riñones y huesos provenientes de veteranos canadienses. En muestras de suelo recogidas en Kosovo, se han encontrado centenares de partículas, generalmente de menos de 5 _m, que pesan varios miligramos.


La primera guerra del Golfo dejó en el medio ambiente 350 toneladas de uranio empobrecido y en la atmósfera entre 3 y 6 millones de gramos de aerosoles de uranio empobrecido. Sus consecuencias para la salud humana, conocidas bajo el nombre de síndrome de la guerra del Golfo, consisten la aparición de afecciones complejas multiorgánicas progresivas e invalidantes, dolores musculares, afecciones dolorosas del esqueleto y de las articulaciones, dolores de cabeza, afecciones neurosiquiátricas, cambios bruscos de los estados de ánimo, confusión mental, problemas con la vista, problemas para caminar, pérdida de la memoria, linfoadenopatías, pérdida de la capacidad respiratoria, impotencia y alteraciones morfológicas y funcionales del sistema urinario.


Los conocimientos actuales de las causas son totalmente insuficientes. Después de la Operación Anaconda, realizada en Afganistán en 2002, nuestro equipo examinó a la población en las regiones de Jalalabad, Spin Gar, Tora Bora y Kabul y comprobó que los civiles presentaban síntomas similares a los de la guerra del Golfo. Durante 24 horas se recogieron muestras de orina de 8 sujetos que presentaban síntomas y que fueron seleccionados siguiendo los siguientes parámetros:

  1. Los síntomas comenzaron poco después de los bombardeos.
  2. Las personas se encontraban en la región bombardeada.

3. Manifestaciones clínicas.
Se recogieron muestras entre un grupo de comprobación compuesto de habitantes que no presentaban síntomas en las regiones no bombardeadas. Todas las muestras fueron examinadas para determinar la concentración y la correlación entre cuatro isótopos U234, U235, U236 et U238. Para ello utilizamos un espectómetro de masa multicolector con fuente de ionización por plasma y acoplamiento inductivo. Los primeros resultados de la provincia de Jalalabad probaron que la eliminación de uranio total en la orina era significativamente más importante entre todas las personas expuestas que entre la población no expuesta. El análisis de las correlaciones isotópicas de uranio reveló la presencia de uranio no empobrecido.El estudio de las muestras recogidas en 2002 reveló, en los distritos de Tora Bora, Yaka Trot, Lal Mal, Makam Khan Farm, Bibi Mahre, Poli Cherki y el aeropuerto de Kabul, concentraciones de uranio 200 veces más importantes que las del grupo de comprobación [recogidas en zonas no afectadas]. Las tasas de uranio en las muestras de suelo de los lugares bombardeados son dos o tres veces más elevadas que los límites mundiales de concentración de 2 a 3 mg/kg y las concentraciones en el agua son significativamente superiores a las tasas máximas tolerables que establece la OMS. Estas pruebas, cada vez más numerosas, convierten el problema de la prevención y de la respuesta a la contaminación por uranio empobrecido en una necesidad prioritaria.


«Nada protege de esta fuerza fundamental del universo.»
Albert Einstein


La realidad de la guerra termonuclear se resume perfectamente en la afirmación de Albert Einstein que señala que este tipo de energía es suficiente para volar la Tierra [1]. El campo de batalla nuclear no se limita ya a un país o un continente sino que va mucho más allá de las fronteras políticas y geográficas y transforma cada región una gran zona de guerra.En caso de una guerra nuclear de tipo estratégico que implicara un arsenal de 10 000 megatones, mil millones de personas morirían inmediatamente como consecuencia de las heridas directas combinadas (explosión, calor y radiaciones), otros mil millones de personas sucumbirían por causa de las enfermedades provocadas por la radiación [2] y los sobrevivientes tendrían que vivir en un entorno expuesto a las secuelas radioactivas que tendrían efectos somáticos y genéticos con consecuencias probablemente irreversibles para la biosfera.

La carrera armamentista nuclear

La primera explosión experimental de una bomba atómica, bautizada como Trinity, tuvo lugar el 16 de julio de 1945 en Alamo Gordo, cerca de Los Alamos, en Nuevo México (Estados Unidos). En una millonésima de segundo, la primera bomba atómica produjo un calor de varios millones de grados centígrados al despedir más de 400 isótopos radioactivos y provocar una gran energía de enlace cuya presión era de varios miles de toneladas por centímetro cuadrado. Durante una fracción de segundo, el núcleo de la bomba llegó a estar 11 veces más caliente que la superficie solar.

El tamaño de la bola de fuego alcanzó varios cientos de metros ya que el núcleo de la bomba se mezcló con átomos de oxigeno y de nitrógeno, revelando el núcleo interno brillante de la explosión. En un segundo, la tierra que se había vaporizado se convirtió en un hongo atómico de 3 000 metros de altura. A 150 millas de allí, los viajeros de la Union Pacific Railway pudieron ver la bola de fuego. Los testigos dieron varias interpretaciones del fenómeno. Algunos lo describieron como la caída de un bombardero o la llegada de un meteorito. Testigos que vivían en Gallup, ciudad situada 235 millas al norte del lugar de la explosión, pensaron que estaban viendo la explosión de depósito de municiones del ejército [3]. Veinte días después del ensayo de Trinity, el 6 de agosto de 1945 a las 8h15, tuvo lugar el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima. Esta explotó sobre la ciudad, a 633 metros de altura. La explosión veló el sol, mató a 130 000 personas, dejó inválidas a 80 000 y 90 000 personas más enfermaron a causa de los efectos radioactivos posteriores.En pocas horas, cayó una lluvia negra, una capa de ceniza blanca cubrió el epicentro causando quemaduras en la piel de las personas. La mayoría de las víctimas primarias murieron por causa de los efectos combinados del calor, de la presión y de una enfermedad aguda provocada por la radiación. Hiroshima fue prácticamente borrada del mapa 

 

uranio_1

Un soldado estadounidense manipula obuses para tanques provistos de cabezas de uranio empobrecido.

 

Dos días más tarde, el 8 de agosto de 1945 a las 11h01, una bomba de plutonio bautizada como Fat Man fue lanzada sobre Nagasaki. Como en Hiroshima, el sol desapareció al levantarse el hongo atómico. La población de la ciudad borrada del mapa murió de las mismas heridas combinadas que en Hiroshima. El hecho puso fin a la Segunda Guerra Mundial, dejando ventajas territoriales para la Unión Soviética. La carrera de los ensayos nucleares arrancó en el otoño de 1948, cuando un equipo de investigaciones sobre armamentos de Jruschov comenzó a desarrollar una bomba rusa. Los ensayos continuaron paralelamente en Estados Unidos y la Unión Soviética. Después de la muerte de Stalin, en 1953, la Unión Soviética hizo estallar, el 12 de agosto, la primera bomba móvil de hidrogeno. Se trataba de su segunda bomba termonuclear. Dándose cuenta de que los soviéticos estaban ganando la carrera en el sector de las armas nucleares, Estados Unidos empezó a acelerar sus programas de ensayos.


En 1955 se hizo evidente que los ensayos perjudicaban irremediablemente la biosfera [5]. Más de 400 isótopos radioactivos liberados por cada ensayo fueron identificados como la causa de la contaminación. Cuarenta de esos isótopos representan un peligro para la salud humana. Cada mil toneladas liberadas generan varios gramos de radioisótopos con propiedades tóxicas para el organismo.


Debido a su larga vida, a su desintegración beta y sus propiedades específicas para los huesos, el estroncio 90 constituye el principal riesgo. Además, los ensayos de armas nucleares han provocado accidentes. En 1958, un B-57 de la fuerza aérea estadounidense dejó caer la primera bomba atómica en los alrededores de Florence, Carolina del Sur. La bomba, que no estaba activada, no explotó no explotó, pero dispersó material radioactivo por todo el país. Ese mismo año, un B-52 dejó caer una bomba atómica de dos megatones en los alrededores de Goldsboro, en Carolina del Norte. La aviación estadounidense registró ulteriormente otros accidentes, específicamente en Tula, en Groenlandia y en Palomares (España). En Palomares, dos bombas de plutonio contaminaron gran parte del territorio y de la costa atlántica. En 1958, luego de la catástrofe de Cheliabinsk-40, la Unión Soviética suspendió sus ensayos nucleares. Pero rápidamente retomó sus ensayos con bombas de varios megatones en la región ártica de Novaya Zembla y lanzó, el 9 de septiembre de 1961, una bomba de 50 megatones. Mientras tanto, en Estados Unidos se acumulaban los indicios reveladores de una contaminación del medio ambiente, al igual que los de un aumento de la incidencia de casos de cáncer, de leucemia y de otros problemas de salud entre las personas que habían trabajado en el sector nuclear. Junto a los problemas de seguridad radiológica que se planteaban, estos hechos incitaron al desmantelamiento del enorme e incompetente aparato burocrático que era la Atomic Energy Commission. Esta fue substituida, en 1974, por la Energy and Research Administration and Nuclear Regulatory Agency (NRC).


En 1955, Bertrand Russell, Albert Einstein y otros nueve reputados científicos fundaron el Movimiento Pugwash, destinado a vigilar la proliferación y evitar la guerra nuclear. Mediante la organización de encuentros anuales, a partir de 1957, Pugwash comenzó toda una labor que desembocó en la firma de un tratado que prohibía los ensayos de armas atómicas y la producción de nuevos arsenales y vectores nucleares [6].


En 1969, Pugwash contribuyó a la realización de las negociaciones sur la Limitación de las Armas Estratégicas (SALT). Esta iniciativa contó con el apoyo de la campaña que Linus Pauling organizó contra las armas atómicas y la contaminación del medio ambiente. Luego de la crisis de Cuba, la amenaza de un conflicto nuclear incitó a Kennedy y Jruschov a firmar, en 1963, un tratado de prohibición de los ensayos nucleares. Pero los ensayos nucleares subterráneos se mantuvieron, lo cual hizo fracasar el tratado de prohibición total de los ensayos nucleares. El asesinato de Kennedy, la caída de Jruschov y la guerra de Vietnam pusieron fin a la distensión nuclear. La posibilidad, realista, de que la Unión Soviética tomara la delantera a Estados Unidos en los ensayos y el desarrollo de las armas nucleares condujo finalmente, en 1972, al tratado SALT I, que prohibía parcialmente el despliegue de sistemas de defensa antimisiles. La Unión Soviética disponía ya de un sistema de ese tipo alrededor de Moscú y Estados Unidos tenía uno en Dakota del Norte. Ocho años más tarde, la administración Reagan emprendió las negociaciones SALT II, que desembocaron en una reducción de armas (START), pero no condujeron a una limitación.


El presidente del Comité Ejecutivo de la Conferencia Pugwash, Bernard Field, calificó aquella situación de «repetitious stupidity of this futile charade.» [7] Paul Warnke, principal negociador del tratado SALT II, declaró: «La triste historia del control de armamentos puede convertirse en el último capítulo de la historia de la humanidad.» [8] Desde la firma del Tratado de Prohibición Parcial de los Ensayos Nucleares, en 1963, unos 50 ensayos tuvieron lugar cada año, el 55% por parte de Estados Unidos, el 30% por parte de Rusia y el resto, un 15%, en Francia, por parte de Francia, Inglaterra, China, la India y Pakistán. Como la tecnología de las comunicaciones por satélite se desarrolla muy rápidamente, la proliferación de las armas nucleares implica que más del 90% de la superficie del planeta constituye un blanco potencial. El número de armas atómicas no representa ya una garantía para la seguridad de las naciones. Incluso después del derrumbe de la Unión Soviética, las armas nucleares siguen siendo un problema esencial de seguridad, exceptuando las iniciativas de colaboración entre Washington y Moscú. Los escenarios políticos internacionales comprenden nuevos riesgos de conflictos nucleares. Entre esos riesgos figuran la retirada a corto plazo de Estados Unidos del Tratado sobre los Sistemas de Defensa antimisiles, la nueva doctrina del «primer golpe» y la reciente aparición de nuevos países dotados de armas nucleares [9]. La amenaza nuclear subsiste debido a la proliferación nuclear, con su lista, cada día más larga, de escenarios que incluyen el uso de la fuerza, de actividades terroristas, de catástrofes nucleares y ecológicas y de doctrinas de la «destrucción mutua asegurada».

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